“El normalismo surge como postura que se defiende contra las teorías extranjeras, contra los universitarios y contra todo el que atente criticar los usos y vicios en la formación de maestros”. Esa posición está hoy en crisis. La salida no es “cerrar las normales”, la mejor apuesta es extender su hacer y, como en otras latitudes, transformarlas en universidades, para formar los docentes del siglo veintiuno.
¡Bienvenida esta crisis! Tal vez algo bueno surja de ella.

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